Historia de Espacio Indigo



Origen

En el origen, el año 2003, hubo una inspiración: el ponerse a disposición del cambio de conciencia que se anunciaba. Abrir un espacio vacío de íconos, de teorías, de escuelas, sin otro norte que el de compartir la búsqueda y hacer posible que otros/otras participaran en descubrir lo que uno había encontrado. Ser cómplices de una evolución que se despliega en el universo y ante lo cual no queda mas que agradecer el poder ser parte del proceso. Este “ponerse a disposición” fue un tanto a ciegas sin buscar recompensas económicas ni reconocimientos sociales ni espirituales.

¿Como podría uno saber adonde nos llevaría un proyecto tan sutil? Y ocurrió que a medida que se iba materializando el proyecto, que se congregaba mas y mas público, que surgían peligros y animosidades, la evolución que presentíamos se fue haciendo carne en nosotros. En el día a día se acumularon semillas que terminaron por brotar, crecer y dar a luz a nuevas creaciones. Nos convertimos en un referente de la exploración espiritual para la comunidad local. Coherente con ello era natural que la Meditación fuera uno de los pilares de nuestras actividades. Durante quince años nos sentamos a practicar, a iniciar a otros, a profundizar la plena conciencia.

¿Por qué Espacio Indigo?

Nuestro ámbito de intervención se fue tiñendo de INDIGO. Ese color azul profundo, con oro y púrpura, que ilumina el firmamento en una noche sin luna. El color de la profundidad, la ventana hacia la vacuidad, resonando con el alma humana. Una frontera, un umbral, en pos de la transformación conciente que la humanidad está experimentando. Pasados 15 años de actividad realizamos que el mundo ha cambiado tanto que ya no necesitamos estar entre muros. Los espacios, las redes y comunidades virtuales son tan reales como una casa.

El Centro

La casa que ocupamos fue un chalet esquina entre calles adoquinadas que miraba hacia la cordillera de Santiago. La construcción fue remodelada con el objeto de ofrecer “actividades para el cuerpo, la mente y el espíritu”. De la entrada metálica y opaca se pasaba a un puente sobre el agua, una pileta con peces de colores y de ahí un par de umbrales hasta un gran salón circular con ventanas en la cúpula. Al centro de la bóveda, un Círculo abierto al vacío estuvo siempre sobre nuestras cabezas, protegiéndonos y recordando la vacuidad e invitándonos a volar. Las sucesivas modificaciones de la casa fueron el reflejo de la creatividad del momento, botar muros, abrir ventanas, acoger y hacer posible el trabajo del equipo (meditación, yoga, terapias, talleres, retiros).

La aventura

Inauguramos un 15 de agosto, fecha acreditada como auspiciosa por el astrólogo de la plaza. Invitamos a los familiares, a los amigos y amigas, y a los amigos de ambos. Música, flores y discursos llenaron el salón de meditación. Hicimos las ofrendas a la tierra y respetamos el equilibrio de los cuatro elementos. Fue una inauguración colectiva, nos acompañaron varias parejas de amigos, que encarnaban el ying/yang de nuestro primer logo: una doble espiral, la inhalación y exhalación, la polaridad que
no es tal.

Éramos parte de una generación que ya se había dado varias vueltas en lo público, teníamos en común el ser intelectuales comprometidos con la sociedad y sus luchas que habíamos podido apreciar los límites de la razón, de las políticas, profundizarlos y trascenderlos. En efecto, estábamos en el umbral de algo desconocido, ajeno a nuestras profesiones, que nos llamaba y exigía nuevas destrezas. Cual tortugas que salen del agua y llegan a poner sus huevos a la arena, otro medio, salimos en pos del desafío de participar en la creación de una nueva cultura.

Veníamos de ese mundo que hoy luce colores sepia: los movimientos sociales, las batallas ideológicas y de los circuitos de poder propio de las altas esferas de la tecnocracia nacional e internacional. En eso nos formamos, hicimos carrera, cometimos errores y también logramos algunos aprendizajes. Sólo que a medida que llegábamos a las cimas de esas montañas, las de la ciencia y la razón, nos fue faltando el aire. Y cuando a uno siente el ahogo descubre que respirar es sagrado, entonces comenzamos a explorar nuevos territorios donde la ciencia todavía no llega hasta que aprendimos a reconocer los rincones sagrados del cuerpo, a resentir los espacios sutiles del alma a los cuales se llega simplemente... respirando, en silencio.

Los inicios fueron discretos, sin publicidad alguna, temiendo las reacciones de quienes seguían el camino oficial. Nos cuidamos de ser tildados de “esotéricos” hasta que descubrimos el valioso botín que uno encuentra cuando se adentra en los mundos interiores. Para sorpresa nuestra las semillas de conciencia ya eran abundantes aunque dispersas y la acogida clara y entusiasta. A los cuatro años de funcionamiento teníamos un público masivo que seguía con interés nuestra programación siempre centrada en torno al desarrollo de la conciencia corporal, emocional y espiritual.

Abrimos el espacio a las nuevas líneas de la psicología transpersonal: educación emocional, eneagrama, constelaciones familiares, respiración holotrópica, biodanza, mindfulness, astrología, por mencionar las mas conocidas.

Hitos

En el trasfondo de la gran cantidad de enseñanzas que compartimos y difundimos en todo este período estuvo siempre la meditación como una práctica permanente. Escogimos la práctica de la Plena Conciencia desarrollada por el maestro budista zen Thich Nhat Hanh cuya presencia nos dio fuerza y nos inspiró con su dulzura poética. El método resultó ser, a nuestro juicio, el mas sencillo y de fácil acceso para los no iniciados, quienes llegaban temerosos de iniciar una disciplina desconocida. Con los años se hizo mas conocida la práctica del mindfulness que es una versión mas sistemática de su misma enseñanza.

Nuestro debut hacia un público masivo ocurrió cuando proyectamos por la primera vez en Chile el film What the bleep do we know? traducido como ¿Qué rayos sabemos? de los realizadores William Arntz, Betsy Chasse y Mark Vicente. Documental que tuvo el mérito de abrir al gran público la posible convergencia entre la física cuántica, las neurociencias y la tradición espiritual. Destacados especialistas, en su mayoría norteamericanos, se preguntan ¿que sabemos realmente acerca de la naturaleza de la realidad y el rol de la conciencia en la creación de nuestro destino? Interrogándose acerca de la materia, las emociones, las adicciones, y las relaciones sociales propone la idea de que no hay un universo estático, sólido y que la realidad es mutable- y pasible de ser afectada por nuestra mismísima percepción. A partir de las experiencias afectivas de la protagonista también muestran el proceso por el cual nuestra mente crea nuestro cuerpo. Concluyendo, con una postura radical: las cosas no existen en forma independiente de mí. Las cosas son mas bien posibilidades de la conciencia. Las reacciones no se hicieron esperar, comenzando por los panelistas invitados a comentar, un físico cuántico (Francisco Claro) y un filósofo (Martín Hopenhayn). Para el físico lo que sobresale es que el nexo, el puente entre la física y la conciencia aún no está construido. En cambio para el filósofo, siguiendo la tradición idealista kantiana, es uno el que le pone las categorías al mundo, la cosa en sí es una especie de construcción, el mundo se hace presente gracias a las categorías de tiempo y espacio que están en la mente y no allá afuera.

Sea como fuere, este fue un hito que marcó hasta hoy las futuras búsquedas individuales y colectivas. Desde esa fecha en adelante, se formaron grupos de estudio y dimos inicio a un ciclo mensual de Diálogos Ciencia y Espiritualidad conducidos por Cecilia Montero. El formato consistió en partir con un film motivador inicial, un invitado especial y un espacio circular para el público asistente, lo que nos llevó a profundizar temas inesperados. Lo mas novedoso para muchos fue trabajar, de la mano de David Bohm, con el diálogo como creación colectiva a partir de un espacio vacío de opiniones mentales. Al cabo de los años este esfuerzo terminó por encarnarse en una profunda evolución personal tal como da cuenta el libro “De la Ciencia a la Conciencia: un viaje interior” de Cecilia Montero.

Un eje de exploración y actividades docentes fueron los cursos de Educación Emocional dictados en forma regular por Juan Casassus, los que pasaron a ser una actividad regular del Centro. Los ofrecimos en la forma de un Diplomado anual y luego como Magister con diploma universitario. El propósito de este enfoque no fue el desarrollo personal sino la conciencia emocional, el identificar las emociones que están presentes, comprender que estas guían la acción y darles el espacio
que merecen.

Fueron invitados a dar cursos y conferencias las personas reconocidas como líderes espirituales locales (Tom Heckel, Claudio Naranjo, Humberto Maturana, Patricia May, Gonzalo Pérez, Luis Weinstein, entre otros). También trajimos a invitados internacionales: monjes zen, lamas tibetanos, maestros espirituales budistas y sufíes, instructores de tantra (Phap Tue, Abdul Karim, Anshin Thomas, Siegmar Gerken, Don Beck, Geshe Ngawang Sherap). Todos ellos ofrecieron retiros y talleres que fueron abriendo nuevas ventanas de exploración a la conciencia inquieta de los participantes.

Una editorial

También incursionamos en editar libros con sello propio. La idea de publicar textos de autores y de temas afines a nuestra línea surgió después de constatar que existía mucho interés y pocas editoriales que le daban espacio a lo transpersonal. Varios de nuestros amigos realizaban enseñanzas que consideramos valiosas pero que no cabían, todavía, ni en el ámbito editorial universitario ni en el negocio editorial comercial. Tomamos sus obras y creamos el sello conjunto Indigo/Cuarto Propio que se hizo cargo de publicar en Chile el libro de Claudio Naranjo “Cambiar la Educación”, la primera versión en español de la “Biodanza” de Rolando Toro y “La Educación del Ser Emocional de Juan Casassus” (ver Publicaciones).

El legado

Las inquietudes iniciales que se mantuvieron vivas giraron en torno a las preguntas ¿Que es la realidad? ¿Como conciliar los avances de la ciencia con las tradiciones espirituales? ¿Que son las emociones? ¿Que es la conciencia? Con el tiempo estos temas se fueron decantando hasta que nos fuimos despojando del afán de responderlas. Mientras mas meditábamos en ellas mas nos aparecía que en la misma búsqueda hay supuestos que no se sostienen. Por de pronto, quien busca es un Yo que al querer comprender se separa de la realidad. Por otra parte, la conciencia misma no se deja definir al mismo tiempo que es luz y conocimiento. Paradojas que estamos felices de sostener.

De todos estos talleres, maestros, enseñanzas llegamos a lo que estuvo siempre ahí, al alcance, y que es tan antiguo como el origen de las tradiciones espirituales: la no-dualidad. Cuando se detiene la búsqueda, cesa la separación entre yo y el mundo, y lo que permanece es la unidad. Esto sucede cuando uno se da cuenta de que la lucha interior no proviene de afuera, de una realidad objetiva que se nos impone sino de concebirnos como un ente separado y cada vez mas desconectado de la tierra, de los otros y de la sociedad.

¿Y con que nos quedamos? Con la vacuidad y el silencio de la meditación budista, con la vía del corazón del sufismo, con el sentir del no dualismo de Cachemira, y sobretodo con la certeza de que somos conciencia y que eso es lo que importa.

Hemos concebido este magazine como un círculo de seres comprometidos con el paradigma emergente que se van reuniendo en un mismo círculo. El círculo abierto al vacío es a la vez el todo. La mente libre deja que la conciencia ilumine el presente. El círculo es la unidad, la reunión de todo y el centro del ser. Un círculo que nos recuerda que la felicidad está en la no dualidad.

Desde esta base es que nos atrevemos a un nuevo comienzo, nuestra misión es salir a recolectar las semillas de conciencia de la nueva era, es teñir la red virtual con tonos índigo, la profundidad de la reflexión, la resonancia espiritual y el placer de saber que ya está ocurriendo.

El anhelo es la totalidad, estar en el círculo