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Desde las profundidades
La tierra  nos está llamando con el clamor de la roca dura. ¿Qué nos dice el accidente, la sobrevivencia y el rescate de un grupo de trabajadores mineros?  Desde el accidente mismo, que no tuvo nada de accidental, escuchamos un primer mensaje: la inconsciencia de quienes, por afán de lucro, pusieron en peligro la vida de 33 personas.  Luego nuestras propias y naturales reacciones, el fatalismo, la tristeza frente a un hecho tan imponente y devastador como un derrumbe que sepulta en la montaña.  Y luego el milagro, lo que parecía imposible ocurrió, los 33 mineros permanecían vivos bajo 700 mts de tierra y roca. Otro mensaje para nosotros: la vida y su fuerza pueden desafiar a la montaña. Y mucho más: personas sencillas sometidas cotidianamente a un trabajo extremo nos dan lecciones de equilibrio espiritual, de solidaridad entre ellos, y de una fe que conmueve a los más incrédulos.
Se abrió con ello una oportunidad para los que quedamos en la superficie porque sí, porque ellos son los sobrevivientes y nosotros observamos impávidos, el milagro nos interpela, nos desnuda. Henos acá arriba en nuestras confortables ciudades alienados, dormidos, ciegos, corriendo tras logros efímeros, olvidados por completo de lo que es estar vivos. Cada uno sabe lo que le pasó, en su fuero interior, a medida que recibía  las noticias que venían desde la mina. ¿Se imaginó quizás como habría reaccionado si hubiera estado ahí? ¿Miró a los suyos de otra forma? ¿Dimensionó lo efímero de las pasiones que  lo movían en esos días? Quizás sí, quizás no.  Pero ahí estaba la imagen de esos hombres  golpeándonos la retina.
La oportunidad fue procesada con la velocidad del rayo por el equipo que se formó entre el Gobierno, las grandes empresas mineras, los medios de comunicación y los ingenieros y técnicos que concibieron, diseñaron y pusieron en práctica un complejo plan de rescate que dará que hablar por mucho tiempo. Una operación inédita de ingeniería, de política  y de comunicaciones.  Convergencia de voluntades  que alinea las energías y desemboca en el operativo final: el rescate.
Se han utilizado muchas metáforas para ponerle nombre a la experiencia que acabamos de vivir. Una epopeya que se vivió no sólo en Chile sino en todo el mundo. Chile como eslabón de integración de los hemisferios. Como si este país largo y angosto pudiera, por su efecto espejo, facilitar la tan esperada elevación de la conciencia que tanto necesita el planeta.
Cecilia Montero
 Octubre 2010